El conjunto blanco, lastrado por un inicio adverso, cayó en el Movistar Arena (77-87) en un exigente duelo europeo pese a los esfuerzos ofensivos de Maledon y el trabajo de Tavares en la pintura
El Real Madrid de Baloncesto cedió ante el Panathinaikos en una nueva jornada de competición europea disputada en el Movistar Arena. El equipo cayó por 77-87 en un encuentro que se puso cuesta arriba desde el primer cuarto y en el que los blancos fueron a remolque durante prácticamente la totalidad del choque. Pese al empeño de la plantilla por revertir la situación en la segunda mitad y los destellos individuales de hombres como Maledon y Edy Tavares, la solidez del cuadro griego y la falta de acierto exterior de los madridistas impidieron sellar la remontada ante su público.
El partido comenzó con un altísimo grado de acierto por parte de ambos conjuntos, que apenas perdonaban de cara al aro. Andrés Feliz saltó a la pista muy enchufado, asumiendo la responsabilidad ofensiva y liderando los ataques locales durante los tres primeros minutos. Sin embargo, el Panathinaikos no tardó en asentar su juego y comenzó a tomar la iniciativa en el marcador. Con un parcial que puso el 9-15 en el electrónico a falta de 4:55, el banquillo visitante solicitó tiempo muerto para ajustar detalles. Shorts comenzó a mostrarse letal en la dirección y ejecución griega, aunque perdonó desde la línea de tiros libres.
Buscando revertir la inercia, el cuerpo técnico madridista movió el banquillo: Okeke y Abalde ingresaron por Hezonja y Feliz, y posteriormente Maledon junto al propio Hezonja regresaron para dar descanso a Campazzo y Deck. Tras más de tres minutos de sequía anotadora en el bando local, Hezonja rompió el parcial negativo, acción a la que se sumó un contundente mate de Tavares. Pese a este leve resurgir, el primer acto concluyó con un 16-22 desfavorable que obligaba a remar a contracorriente.
El inicio del segundo asalto mantuvo la misma tónica, con el cuadro visitante gestionando su renta. En este tramo emergió la figura de Maledon al rescate, echándose el equipo a la espalda para evitar que la distancia superara la barrera de los ocho puntos. Len sumó desde la línea de personal antes de dejar su sitio a un ovacionado Garuba (24-30). En ese instante, el Real Madrid vivió sus mejores momentos del primer tiempo. Un triple del propio Maledon y otro gran acierto exterior de Okeke colocaron a los blancos a tan solo cuatro puntos de distancia (29-33).
Esta reacción encendió las alarmas en el técnico visitante, que detuvo el encuentro con un tiempo muerto a falta de 4:52 (29-36). Sin embargo, el esfuerzo madridista no encontró continuidad. El Madrid, que solo había estado por delante en el marcador en los primeros compases del choque, sufrió de nuevo el tremendo impacto de Shorts, que se mostró absolutamente intratable en el tramo final del cuarto. La ventaja griega se estiró hasta los 14 puntos (38-52) al llegar al descanso, reflejando una primera mitad muy complicada en la que Tavares y Maledon fueron los pilares que sostuvieron al equipo.
El paso por los vestuarios no cambió la dinámica de manera inmediata. El Panathinaikos continuó imponiendo su ritmo, ampliando la diferencia hasta una preocupante máxima de 16 puntos. Conscientes de la dificultad, las gradas del Movistar Arena intentaron despertar a los suyos, y el equipo pareció responder elevando su nivel de agresividad defensiva. Con un Andrés Feliz muy activo, el conjunto madridista generó mejores posiciones de tiro, pero la mala puntería desde la línea de tres castigó severamente las opciones de remontada. Pese a los continuos intentos, los griegos no dieron tregua y cerraron el tercer parcial con un contundente 59-73.
El último y definitivo cuarto arrancó de forma trabada, con el juego interrumpido por varias revisiones arbitrales en el monitor. Esta pausa favoreció a un Panathinaikos que se sentía muy cómodo administrando su ventaja. El desgaste físico del tercer cuarto pareció pasar factura a los blancos, que volvieron a atascarse en la parcela ofensiva (61-77). Las rotaciones no lograron agitar el avispero, y el tramo final del choque estuvo marcado por la disconformidad de la grada ante varias decisiones arbitrales, lo que se tradujo en sonoras protestas en el pabellón durante los tiempos muertos.
A pesar de intentar un último empuje y acercarse tímidamente (70-82), la distancia era ya insalvable. Con 14 puntos abajo y apenas dos minutos en el cronómetro tras el último tiempo muerto, el choque quedó visto para sentencia. El 77-87 final certificó una noche en la que al Real Madrid le faltó la fluidez habitual para imponer su ley en casa.